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"LA MEMORIA ES FUNDAMENTAL, PERO HEMOS COMETIDO EL ERROR DE IDENTIFICAR MEMORIZAR CON APRENDER"

Publicado 18/06/2016 18:30:06  | EDUCA  | Neuroeducación  | Noticia 834  | 4229 visitas

La doctora en Filosofía María José Codina.

Los avances en neurociencia pueden revolucionar la enseñanza y el aprendizaje en las escuelas. ¿Hacia dónde vamos? La doctora en Filosofía María José Codina desgrana algunas claves.

Mejorar la forma y el fondo de lo que se enseña en las aulas para conseguir una sociedad cada vez más justa e igualitaria. Este es el fin último que persigue María José Codina. Y para lograrlo, esta doctora en Filosofía por la Universitat de València trata de fusionar los avances neurocientíficos con el mundo de la educación y de la ética. Además de su faceta investigadora, imparte clases en un instituto de Educación Secundaria. Su tesis doctoral, codirigida por Adela Cortina y por el profesor de Filosofía Moral Juan Carlos Siurana, se ha transformado en el libro Neuroeducación en virtudes cordiales: cómo reconciliar lo que decimos con lo que hacemos (Octaedro). Pretende servir de manual tanto para docentes como para los propios alumnos.


-Antes que nada, ¿qué podemos entender por neuroeducación?

La neuroeducación es una nueva disciplina, todavía muy incipiente, que trata de aprovechar los avances de las neurociencias, es decir, saber cómo funciona nuestro cerebro, para después aplicarlo al campo educativo.

Hay alumnos con dificultades en materias como las matemáticas. Otros, sin embargo, las encuentran aburridas. ¿Qué suponen estos avances a la hora de motivar a los estudiantes?

El ejemplo de las matemáticas es bueno porque, al margen de que a unos se les dé mejor el pensamiento lógico o abstracto, muchas veces no encuentran el porqué o el sentido de lo que estudian en clase. Si el profesor es capaz de hacer ver que lo que están aprendiendo es útil y provechoso para sus vidas, el aprendizaje se facilita. La neuroeducación también pone de relieve la importancia del buen humor del profesor. Las palabras amables y la sonrisa favorecen el aprendizaje. Cuando el alumno confía en su maestro y se siente a gusto, el aprendizaje mejora.

Entonces, la clave reside en generar un clima de confianza donde los alumnos participen y sientan que sus argumentos son escuchados.

Sí, es fundamental porque sólo pueden aprender cuando corrigen sus errores. Y sólo se pueden corregir cuando se atreven a cometerlos. Si no se atreven a participar en clase porque tienen miedo a que les pongan una mala nota o a que el profesor se burle de ellos, no aprenderán. El alumno se tiene que sentir con la libertad suficiente para equivocarse las veces que haga falta. Cuando un alumno tiene miedo a un profesor o a los compañeros, su cerebro activa un sistema primitivo de supervivencia que concentra toda su actividad cerebral en esa amenaza o peligro. Por lo que queda completamente incapacitado para procesar la información exterior.

¿Tienen los docentes los conocimientos suficientes sobre neuroeducación?

Los profesores no tenemos formación de cómo funciona el cerebro de nuestros alumnos. Durante los estudios nadie nos ha enseñado eso. Y todo el mundo debería saber cómo funciona el material con el que trabaja. Igual que un mecánico tiene que saber cómo funciona el motor de un coche, nosotros deberíamos saber cómo funciona el cerebro de los chicos para poder sacarle el mayor rendimiento. Los que trabajamos ahora, si estamos formados, es por voluntad propia. Se necesitan cursos específicos en los estudios de grado y en los máster de formación del profesorado. Y debería haber escuelas universitarias, en la línea de los hospitales, con prácticas tuteladas y con el tiempo necesario para formarse.

¿Pero es posible llevar a cabo estos planteamientos con la ratio de alumnos/profesor que hay actualmente en el sistema educativo?

Es obvio que en una clase con treinta alumnos no puedes dar ni de lejos la misma atención que en una clase con veinte. Hay muchísimos alumnos con necesidades educativas concretas que se deberían atender mejor. Pero realmente no tenemos el tiempo ni el espacio para hacerlo.

BRECHA DIGITAL, DESCANSO Y MEMORIA

Hoy en día los estudiantes son nativos digitales. Su cerebro está moldeado por las nuevas tecnologías. ¿Existe una brecha entre lo que hacen fuera y lo que encuentran dentro del aula?

La brecha es muy grande. El error es poner el empeño en crear o mantener una realidad que nada tiene que ver con el mundo que viven los alumnos. Hay un sector del profesorado muy reticente a las nuevas tecnologías. Pero no se trata de que los chavales estén todo el día mandándose mensajes. Aunque el entorno digital puede ser muy distractor, también ofrece herramientas muy provechosas. Yo me posiciono en defensa del uso del móvil dentro del aula. Me parece poco realista pensar que por el hecho de prohibir a un alumno usar el móvil en el aula, no lo va a utilizar. Lo hará procurando que no le veas. Por eso creo que deben usarlo como una herramienta más para buscar información.

¿Cómo deben los padres cuidar el cerebro de sus hijos y qué hábitos son buenos para su correcto funcionamiento?

Los buenos hábitos se refieren sobre todo al sueño, al ejercicio físico, al consumo de cafeína y a la alimentación. El sueño es fundamental para que el cerebro funcione bien. Aunque es lo que peor llevan los alumnos de secundaria, porque se acuestan muy tarde y llegan a clase somnolientos. Durante el sueño es cuando nuestro cerebro consolida todo aquello que hemos aprendido durante el día. Si no dormimos lo suficiente, no se termina de afianzar lo estudiado.

No podemos entonces dejar de hablar de la memoria. ¿Qué importancia tiene y cómo ha cambiado en los últimos años?

No podemos hablar de una memoria sin más. Hay distintos tipos: la sensorial, la de trabajo, la memoria a corto y a largo plazo... Y lo cierto es que la memoria es fundamental para el aprendizaje. El error que hemos venido cometiendo en el sistema educativo es identificar memorizar (almacenar información en la memoria de trabajo), con aprender. La memoria de trabajo es muy útil, pero tiene límites. Nos permite almacenar gran cantidad de información con un objetivo concreto (examen de historia), pero cuando hemos cumplido ese objetivo, la memoria de trabajo discrimina qué información envía a la memoria a largo plazo y cuál olvida.

¿Y cómo se logra no olvidar demasiado?

El error es memorizar mucho para un examen, contestar bien e, incluso, sacar un diez, pero olvidarlo todo a las dos semanas. Necesitamos atención, motivación y encontrar el significado y la utilidad de aquello que estamos aprendiendo. Eso que es significativo para nosotros será lo que recordemos. Cada vez se muestra como más importante la memoria emocional. Aquello que nos supone una carga positiva o negativa lo recordamos con mayor fuerza.

Entonces el papel del profesor es fundamental a la hora de despertar el interés y la curiosidad.

Cuando algo llama la atención de un alumno, después lo refuerza en casa. No sólo con los deberes, sino porque lo comenta con sus padres. Y eso favorece que se consolide aún más. El hablar fuera de clase de lo que pasa en clase favorece que aquello que ha aprendido pase a la memoria a largo plazo. Y eso también es mérito y responsabilidad del profesor.

Quizás no recuerden el dato exacto, pero pueden visualizar mentalmente conceptos y saber dónde buscar.

Claro. Y pueden recuperarlos sin demasiado esfuerzo. La memoria a largo plazo no significa recordar con absoluta lucidez cada cosa estudiada, pero sí recuerdas aquello que has memorizado con solo refrescarlo un poco.

O sea, que no es cierto eso de que ya no sirve de nada memorizar porque hoy en día está todo en Internet

No. Sin memoria no hay aprendizaje.

Dices que los profesores no saben cómo funciona el cerebro de los alumnos. ¿Y los padres?

Existen los neuromitos; afirmaciones con las que creemos saber cómo funciona el cerebro, pero que en realidad no son ciertas. Como esa tan popular de que sólo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral. En realidad no hay momento en que partes del cerebro estén apagadas, sino que tienen una actividad neuronal más baja. También se venden productos con suplementos de Omega3, para 'hacer a los niños más inteligentes'. Pero si en la dieta normal consumen el Omega3 necesario, tomar suplementos no les hará más inteligentes.

UNA NUEVA CIUDADANÍA

Propones un listado de 'virtudes cordiales' con las que dibujas un método de enseñanza. Hablas de integridad cívica, de participación deliberativa. ¿Qué supone esto de cara al futuro de la sociedad?

Es obvio que necesitamos un nuevo tipo de ciudadanía. Nos quejamos de que las instituciones funcionan mal; de que la corrupción está extendida a todos los niveles; de que la ciudadanía es en cierto modo pasiva y permisiva, que no quiere cambiar las cosas; es decir, somos conscientes de dónde está el problema. Pero caemos en el error de hablar de las instituciones, de las empresas y del sistema político como si fuesen unos entes que funcionasen con una lógica propia al margen de las personas.

¿Y esto se puede corregir a través de la educación?

Hay una contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos. Si tenemos tan claro lo que valoramos, ¿por qué no actuamos en consecuencia? De ahí el estudio de las virtudes, que son los buenos hábitos que hemos adquirido y que han pasado a formar parte de nuestro carácter. Son parte de nuestra manera de vivir, de entender la vida.

¿Cómo evitar esa contradicción?

Educar en virtudes cordiales implica educar en el hábito de argumentar lo que defendemos, de escuchar a los demás, de dejarnos convencer por la fuerza del mejor argumento y no por el hecho de quién proceda. Si hemos acostumbrado a los estudiantes a actuar buscando la justicia para todos, qué mejor herramienta que este tipo de educación para sanear las instituciones y vivir en una sociedad mejor. Esos alumnos serán el día de mañana políticos, médicos, gerentes de una empresa o tendrán un supermercado. Y cuando se incorporen a sus puestos de trabajo, harán que las organizaciones donde trabajen sean mejores.

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