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LOS MALES DEL SISTEMA EDUCATIVO VISTOS POR UN PROFE INTERINO

Publicado 27/04/2016 20:24:19  | DENUNCIA  | Educación  | Noticia 655  | 1963 visitas

Libro: La mala educación

Pablo Poó Gallardo ha perdido la cuenta de los kilómetros recorridos en estos últimos cinco años para tratar de compaginar su vida laboral y personal. En este tiempo ha trabajado en trece institutos diferentes como profesor interino. Tampoco recuerda si han sido 11 o 12 los pisos en los que ha vivido de alquiler… En uno de ellos, un día decidió parar aquel trajín para organizar ideas.

De todo aquel compendio surgió La Mala Educación, un libro en el que, tirando de ironía y cierto sarcasmo, repasa lo vivido en las aulas de secundaria de los institutos públicos andaluces en los que ha trabajado para trata de detectar y analizar algunos de los errores del sistema educativo. Aunque el prólogo advierte de que el libro «no debe ser tomado como una generalización de los males que aquejan a la Enseñanza. Cada instituto, cada centro es un mundo. En estas páginas he pretendido señalar las deficiencias de un Sistema Educativo público que necesita una revisión profunda».

De lo que concierne al currículo educativo en sí, Poó señala a la «dichosa memoria» como causa de muchos de los males de la enseñanza en España. «Albert Einstein decía que la memoria era la inteligencia de los tontos, y que tampoco convenía guardar en la memoria aquello que cupiese en un bolsillo».

Aunque aún queda mucho por hacer en este sentido, por suerte, en los últimos años se ha venido corrigiendo el problema al otorgar más peso a los contenidos actitudinales y procedimentales. «Es decir, muy bien, sé que te sabes el tema 4 de memoria, genial, pero, aparte, ¿qué más sabes hacer? ¿Sabes analizar una oración o comentar un texto (procedimientos puros)? ¿Muestras interés en clase…?».

Los proyectos de fomento de la lectura son otros de los grandes olvidados en muchos centros educativos. «El mayor obstáculo con el que se encuentran para su implantación es la circunscripción de la lectura al área de Lengua y Literatura». Educar a futuros lectores pasa, entre otros requisitos, por la involucración total del claustro de profesores, «aunque quizás antes de la educación del alumnado sea necesaria la de los profesores».

Con la enseñanza de idiomas pasa algo similar. «Las lenguas extranjeras en los centros educativos (perdón por la generalización) carecen totalmente de su dimensión de idioma y se reducen a ser tratadas como asignaturas que el alumnado debe superar a toda costa». Aunque Poó, al igual que el profesor Xavier Melgarejo, considera que el hecho de que a los españoles, en general, se nos dé tan mal eso de los idiomas transciende al ámbito puramente académico: «Tenemos el mejor equipo de profesionales de doblaje de todo el mundo. Esto debería ser motivo de orgullo, lógicamente, aunque también de vergüenza (…) la población entra en un estado de pereza y reticencia absoluta al esfuerzo de exponerse a un idioma extranjero que no entiende a la hora de disfrutar de una obra audiovisual».

Enseñanza de idiomas, lectura… Planes que se echan en falta en un sistema “parcheado” en el que los problemas no se tratan de raíz. La adaptación de las Competencias Educativas Europeas en el marco de la LOGSE es solo un ejemplo más. «Suponen una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz (…) Desde el punto de vista escolar, no hay duda de que se trata de una propuesta innovadora que se sitúa al margen del tradicional y vigente sistema de calificación según conceptos, procedimientos y actitudes».

El programa nació en 2004 pero ni los libros de texto, ni los sistemas de calificación, ni las programaciones se han modificado para adaptarse a este nuevo modelo. Conclusión: «No es más que un parche colocado sobre nuestra estructura educativa por recomendación de Europa con la excusa de que en los países del norte funciona pero que no ha llevado consigo una readaptación del sistema a las nuevas características curriculares».

¿Y qué pasa con los profes?

Es quizás, a la hora de analizar a los de “su especie” donde Pablo Poó recurre más a la ironía. Desde «el Entregado (u Hommo Vocationalis)» al «Quemao (Chamuscatus Máximus)» existe una variada tipología de docentes que contrasta con la percepción casi única que la sociedad parece tener del colectivo. «Claro que hay garbanzos negros, pero suelen ser casos aislados (en el sentido literal, no en su uso político) que enturbian la percepción que, de nuestra labor, tiene la sociedad».

Tópicos como el de las largas vacaciones de las que disfrutan quienes se dedican a la enseñanza siguen resultando recurrentes cuando se quiere criticar su labor. Poó siempre responde que de buen grado rechazaría parte de sus vacaciones por un aumento de sueldo y añade: «La docencia hoy día es un trabajo agotador, sobre todo mentalmente. A diferencia de la mayoría de trabajos, el profesor tiene que lidiar, de manera simultánea, con treinta alumnos diferentes, cada uno de ellos con su propia personalidad, problemas, inquietudes, habilidades, defectos, aspiraciones, etc.»

Poó es consciente de que no todo el que se dedica a la enseñanza lo hace por vocación («aunque, ojo, que la vocación también se pierde») pero es la formación del profesorado lo que realmente le resulta preocupante: «No existen, en los planes de estudio universitarios, asignaturas de didáctica específica de las especialidades cursadas. Ni siquiera con carácter optativo».

Las oposiciones es otro de los grandes males para el profesor. «El sistema de acceso del profesorado de la educación pública es completamente injusto. Es necesario buscar otro que supla las carencias del actual y asegure el acceso al sistema de aquellos que estén integralmente mejor preparados». La figura del interino también ha sido vilipendiada, en su opinión, injustificadamente. «Existe un desconocimiento total por parte de la sociedad que nos ve como cara duras que queremos que nos regalen la plaza, sin saber que hemos aprobado varias oposiciones, incluso, con más nota que algunos funcionarios que obtuvieron plaza ese año».

La lucha por sus derechos ha degenerado es un conflicto que en nada beneficia ni al gremio ni al propio sistema educativo. «A los políticos les viene bien separarnos. Si creas una diferencia entre funcionarios de carrera e interinos, de facto estás creando una suerte de distopía en la que existen profesores de primera y de segunda: y eso crea conflicto».

La mayoría de los docentes de la pública, asegura, coinciden en el diagnóstico de los males que aquejan nuestro trabajo diario, aunque, en ocasiones, disientan en las soluciones. «El diálogo es la base de todo. Pero últimamente se están acrecentando las discrepancias entre los que algunos han dado en llamar los “pedagogistas” y los “antipedagogistas”». Tanto uno como otro bando contendiente sostienen «posturas maniqueas» que imitan la retórica y las formas de la política con debates constreñidos del tipo «¿deberes sí, deberes no?», «¿exámenes sí, exámenes no?», algo que para Poó «puede resultar muy dañino para la enseñanza».

Nadie se salva

En los trece institutos en distintos puntos de Andalucía en los que ha trabajado Poó se ha topado con alumnos de toda condición. También con familias de toda índole: «Es un asunto que hay que tratar con cautela porque a nadie le gusta recibir críticas sobre cómo educa a sus hijos. Falta mucha educación que ha de ser traída de casa; y no me refiero sólo a mal comportamiento, sino a la escasa valoración que se le da, hoy día, a tener una formación adecuada».

Profesores, alumnos, padres, gobiernos… Poó no cree que “la culpa” recaiga únicamente en los agentes implicados directamente con la enseñanza. «La progresiva degeneración de los planes educativos, la cultura del pelotazo difundida a través de programas de TV de pésima calidad… Si no fuera porque desde un primer momento se descarta la conspiración judeo-masónica, diría que parece un plan orquestado para reducir el nivel formativo del personal y obtener así ciudadanos más vulnerables a las arengas y falacias que, desde el establishment, nos hacen llegar cada día».

Lo que tiene claro es que muchos de los problemas tienen solución. Aunque no sea sencilla. Que del tema de la educación se encarguen expertos en la materia sería el primer paso, pero ¿serán los políticos capaces de delegar las decisiones en gente que realmente entiendan del asunto? El profesor interino lo ve difícil.

Una mayor inversion que evitase recortes como los acometidos en los últimos años y que han resultado letales en muchos centros también sería de ayuda. Siempre y cuando los presupuestos se empleen en recursos realmente necesarios y no en medidas populistas y electoralistas.

Es lo que ocurrió, en su opinión, con programas como el de Escuela TIC 2.0. en Andalucía. «Es un golpe de efecto: “¡Ey, mirad, nos preocupamos por la educación, vamos a regalar mini ordenadores y tablets! ¡Y vamos a poner pizarras digitales!”» Ordenadores que no contaban ni con el sistema operativo ni el mantenimiento adecuados, profesores que no estaban preparados para usarlos en clase, aulas sin los enchufes necesarios para recargar las baterías, alumnos sin nociones de mecanografía que tardaban horas en teclear un párrafo… «Luego dejaron de darlos y te encontrabas, en una misma clase, a repetidores con mini portátiles y al resto de la clase sin ellos… Un caos. Un reflejo de que sólo es una medida electoralista. Si la ingente inversión económica de los mini portátiles hubiera redundado en equipo y mantenimiento para el centro, la situación sería distinta».

Un programa del uso de las TIC a nivel nacional sería sólo una de las medidas que, en opinion de Poó, deberían confluir en una revisión total del Sistema Educativo «que reformule el currículo tal como lo conocemos y adapte contenidos, metodología docente y criterios de evaluación a las nuevas necesidades educativas del siglo XXI».

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